El marketing olfativo considera que el sentido del olfato es el más importante porque está directamente ligado a la memoria y sentimientos. Un aroma dispara nuestra memoria, la que influye en nuestras emociones, estás últimas provocan un estado de ánimo, que nos generan reacciones positivas o negativas (dependiendo siempre del aroma claro).
El ser humano une la memoria, la emoción, el producto y la marca.
Un stand de cremas de productos de aseo personal que huele a hierbas y flores, una zapatería para mujeres con fragancias dulces, una tienda de bocadillos que sabe a pan recién horneado. Los acondicionadores de aromas pueden amenizar un punto de venta y hacer más prolongada la visita del cliente eventual. El esfuerzo tiene su recompensa: una tienda con aroma vende un 33% más.
En ciertas ocasiones el trafico, una mala aireación o algún agente externo puede modificar perjudicialmente nuestro local, oficina o empresa, produciendo de forma inconciente una imagen negativa para nuestros clientes y un bajo rendimiento de nuestros empleados. Mejorar esto deja una impresión agradable que predispone a los clientes a pasar más tiempo en el negocio que visita, los que se traduce en más ventas y mejor predisposición para volver.
Contame… ¿a vos te paso?
Fuente:www.consumer.es

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